Empieza escogiendo dos momentos fijos del día para detenerte treinta segundos y describir silenciosamente tres repeticiones visibles: colores, sonidos, gestos. Consérvalas en notas breves. Con siete días acumulados, compara listas y descubre patrones sorprendentemente estables que antes pasaban desapercibidos.
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Dibuja cada día un motivo que veas tres veces: una baldosa, un nudo, una sombra. Cambia escala, giro y color, manteniendo la misma base. En un mes tendrás una colección coherente que cuenta tu entorno sin palabras y entrena mano, ojo y paciencia.
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